El Abrazo del Día
Volviendo a casa
A veces la vida nos lleva tan lejos de nosotros mismos que, sin darnos cuenta, empezamos a vivir un poco apartados de aquello que alguna vez fuimos.
No hablo de volver a la casa donde pasamos la infancia, ni a un lugar que quedó atrás en el tiempo.
Hablo de volver a nosotros.
A nuestros valores.
A lo auténtico.
A esa parte buena que siempre estuvo allí, aunque durante un tiempo haya quedado escondida entre las preocupaciones, las pérdidas, las decisiones equivocadas, las obligaciones y todo aquello que la vida fue poniendo en el camino.
Y quizás un día, después de haber vivido mucho, de haber aprendido algunas cosas a fuerza de experiencias, de haber conocido la alegría y también el dolor, algo comienza a acomodarse por dentro.
Entonces volvemos.
Pero no volvemos siendo los mismos.
Volvemos con más historia, con algunas heridas que ya no duelen como antes, con preguntas que encontraron respuesta y otras que todavía esperan.
Volvemos un poco más sabios.
Un poco más serenos.
Quizás también más capaces de reconocer lo que verdaderamente importa.
Y descubrimos que aquella casa que buscábamos afuera, quizá siempre había estado dentro.
En ese pequeño lugar del alma donde todavía podemos reconocernos.
Allí podemos descansar un momento.
No porque el camino haya terminado.
Sino porque todavía queda mucha vida por vivir, muchos caminos por recorrer y, tal vez, muchas cosas hermosas que aún no conocemos.
A veces, volver a casa simplemente significa volver a sentirnos nosotros mismos.
Y quedarse un ratito allí.
Te deseo que, en algún momento de esta semana, puedas volver a ese lugar dentro de ti donde te reconoces, donde descansas y donde recuerdas quién eres.
Y que, desde allí, puedas seguir caminando.