Cuando pensó que todo se venía abajo

El correo llegó un lunes, apenas pasadas las nueve de la mañana.

Publicado el 05/02/2026

Cuando pensó que todo se venía abajo

El correo llegó un lunes, apenas pasadas las nueve de la mañana.

Asunto: *Reestructuración interna*.

Lucía lo leyó dos veces antes de entenderlo del todo. La empresa donde trabajaba hacía doce años cerraba su área. Su puesto desaparecía. No era personal. No era un error. Era definitivo.

Cerró la laptop y se quedó mirando la pared. Durante años, ese trabajo había sido mucho más que un sueldo. Era rutina, identidad, seguridad. Era la respuesta automática cuando alguien preguntaba: *¿y vos a qué te dedicás?*

Ese día, por primera vez en mucho tiempo, no supo qué responderse a sí misma.

Los primeros días fueron duros. Se despertaba a la misma hora de siempre, pero ya no había apuro. El café sabía distinto. El silencio de la casa, en pleno horario laboral, pesaba.

Pensó que había llegado tarde a todo. Que el mercado era para gente más joven. Que cambiar implicaba empezar de cero.

Y empezar de cero daba miedo.

Pero hubo algo que no perdió: La confianza en sí misma.

No una confianza grandilocuente, de frases motivacionales. Una más simple. Más real.

Sabía que había aprendido mucho. Que tenía experiencia. Que había resuelto problemas durante años, aunque nadie los hubiera aplaudido. Eso no desaparecía con un mail.

Empezó de a poco. Un curso corto. Una charla online. Una conversación incómoda donde tuvo que decir en voz alta que estaba buscando algo nuevo.

Descubrió que muchas de las cosas que hacía sin pensar eran valiosas en otros contextos. Que podía adaptarse. Que no estaba acabada, solo estaba en transición.

Meses después, Lucía no volvió al mismo tipo de empleo, armó algo distinto, más flexible, menos seguro en apariencia, pero más propio. No ganaba exactamente lo mismo, ganaba algo mejor: tranquilidad.

Hoy, cuando recuerda aquel lunes, no lo hace con enojo. Lo recuerda como el día en que su mundo pareció caerse…

y no lo hizo, solo cambió de forma. Y entendió algo que ahora tiene claro:  Perder un trabajo no es perder el valor.

A veces, es la forma que tiene la vida de pedirte que confíes otra vez en vos.

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